Cada operación de lavado a presión se organiza según el tipo de superficie, el grado de corrosión y la ventana de trabajo disponible en tu planta o depósito. Estos son los tres esquemas que coordinamos con mantenimiento y producción.
Intervención acotada sobre vigas, plataformas, tanques o marcos de acceso con corrosión localizada. Incluye relevamiento previo del área, protección de equipos sensibles cercanos y aplicación de agua a presión entre 2500 y 3000 PSI con boquillas de corte para remover óxido sin dañar el acero base. Ideal para resolver un sector antes de una inspección reglamentaria o una soldadura programada.
Solicitar evaluación del sectorPlan rotativo que divide la planta en sectores y establece una frecuencia de lavado para cada uno, según la acumulación de residuos, grasa o cloruros. Nuestro equipo documenta el estado de cada superficie antes y después del tratamiento, y entrega un registro fotográfico que sirve para el historial de mantenimiento. Pensado para fábricas que no pueden detener toda la línea al mismo tiempo.
Ver cómo organizamos las visitasTratamiento integral de contenedores marítimos vacíos: remoción de residuos químicos, etiquetas adheridas, corrosión superficial y contaminación en pisos y paredes interiores. El proceso incluye enjuague final con agente desengrasante biodegradable y verificación visual de juntas y esquinas. Se coordina directamente con el depósito para operar por lotes y respetar los horarios de ingreso y salida de unidades.
Coordinar limpieza de loteSupervisores de mantenimiento y responsables de flota de contenedores cuentan cómo cambió la rutina de sus instalaciones después del primer hidrolavado.
Antes de coordinar una intervención, conviene dejar claros los límites de cada trabajo. Estas precisiones evitan malentendidos sobre qué superficies se tratan, qué se considera corrosión masiva y cómo se mide el resultado final.
Trabajamos sobre estructuras de acero, pisos de hormigón, tanques, plataformas y contenedores marítimos dentro de plantas fabriles o depósitos. Cada superficie se evalúa antes de definir la presión y el tipo de boquilla. No realizamos limpieza residencial ni tratamientos sobre vehículos particulares.
La corrosión superficial y el óxido adherido se eliminan con chorro de agua a alta presión. Si el metal ya presenta perforaciones o pérdida estructural, el lavado no restaura la pieza; en ese caso lo señalamos en el informe y recomendamos la intervención de un soldador o el reemplazo del componente.
Solicitamos que el área quede libre de personal no autorizado y que se desconecten equipos sensibles cercanos a la zona de trabajo. También pedimos acceso a una toma de agua y a un punto de desagüe. El resto de la logística, incluidas mangueras y protecciones, la aporta nuestro equipo.
El riesgo existe si no se delimita el área. Por eso cubrimos componentes eléctricos, motores y uniones que no deben mojarse, y usamos protectores de neopreno cuando hace falta. Antes de empezar marcamos el perímetro de trabajo y ajustamos la presión según la distancia a superficies sensibles.
Detenemos el avance y documentamos el hallazgo con fotografías. Te presentamos las opciones: continuar con el tratamiento superficial o ampliar el alcance para incluir la remoción del óxido profundo. Ningún cambio de alcance se ejecuta sin tu confirmación previa por escrito.
Usamos una inspección visual con luz rasante y, cuando el cliente lo pide, una prueba de cinta adhesiva para detectar residuos sueltos. El resultado se registra en un parte que incluye las zonas tratadas, la presión utilizada y las observaciones sobre el estado del sustrato.