Antes de coordinar una intervención, conviene dejar claros los límites de lo que hacemos, cómo medimos los resultados y qué corresponde al cliente preparar. Estas precisiones evitan malentendidos en planta y en puerto.
Trabajamos sobre estructuras de acero, pisos de hormigón industrial, maquinaria fija, tanques y contenedores marítimos. El servicio está pensado para entornos fabriles y portuarios, no para viviendas ni espacios residenciales. Si la superficie tiene recubrimientos que no resisten agua a alta presión, lo indicamos en la inspección previa.
La presión se ajusta según el material, el grado de corrosión y el tipo de residuo. En estructuras de acero con óxido profundo usamos rangos altos; en equipos con componentes sensibles reducimos la potencia y combinamos con desengrasantes. La decisión la toma el responsable técnico después de la visita, no se improvisa en el momento.
El cliente debe despejar el área de trabajo, retirar materiales sueltos y asegurar que no haya personal ajeno a la zona. También conviene cortar el suministro eléctrico de los equipos que se van a lavar y proteger conexiones abiertas. Nosotros llevamos el resto: mangueras, lanzas, equipos de protección y contención de agua.
El agua utilizada se recoge y se canaliza según la normativa local. En plantas con sistemas de tratamiento, coordinamos la descarga con el responsable de medio ambiente. En operaciones portuarias, el agua se contiene para evitar que llegue a la red pluvial. No dejamos residuos dispersos en el predio.
El lavado a presión no incluye la aplicación de pinturas, recubrimientos anticorrosivos ni reparaciones estructurales. Tampoco realizamos limpieza de fachadas residenciales, entradas de vehículos ni jardines. Nuestro alcance es exclusivamente industrial y B2B, orientado a preparar superficies o mantener instalaciones en operación.
Al finalizar, el supervisor de turno recorre el área junto al responsable del cliente y verifica visualmente que la superficie quedó libre de óxido suelto, grasa y residuos. Si el trabajo incluye preparación para recubrimiento, se deja constancia del estado de la superficie. Cualquier punto observado se corrige antes de cerrar la orden.
Visitamos el sitio para medir las superficies afectadas, identificar el tipo de corrosión y confirmar los accesos para el equipo de presión. Con eso definimos el alcance real del trabajo y los puntos críticos que requieren más atención.
Con los datos del relevamiento armamos una secuencia por zonas: qué se lava primero, qué protección se coloca sobre equipos sensibles y cómo se evacúa el agua residual. El plan se ajusta a los horarios de producción para no frenar la operación.
Operamos con hidrolavadoras de alta presión y mangueras industriales, trabajando por sectores delimitados. Cada pasada se controla con medidores de presión y se verifica visualmente que la capa de óxido o residuo se haya removido por completo.
Revisamos cada superficie tratada con el responsable de mantenimiento de la planta, documentamos el estado final y entregamos un informe con las zonas intervenidas. Si queda algún punto sin resolver, lo corregimos antes de cerrar el servicio.
Cada trabajo sigue una línea de tiempo fija: inspección inicial, preparación del área, lavado a presión, verificación de resultados y entrega de informe. Así se evitan sorpresas y se mantiene la producción con el menor corte posible.
Un técnico visita la planta para medir las superficies afectadas por corrosión, identificar los puntos de acceso y definir el equipo necesario. Se entrega un cronograma con horarios que no interfieran con los turnos de producción.
Antes de abrir las mangueras, se cubren tableros eléctricos, motores y zonas sensibles con lonas y film protector. El agua a presión no debe alcanzar componentes que no estén preparados para el contacto directo.
Se aplica agua a presión de 2500 a 3000 PSI con boquillas específicas según el tipo de superficie. Para contenedores marítimos se agrega un desengrasante biodegradable que elimina residuos químicos sin dañar el acero.
Con la superficie seca, se revisa visualmente cada zona tratada. Si quedan restos de óxido o contaminación, se repite el lavado en ese punto antes de dar el trabajo por cerrado.
Se entrega un documento con las áreas tratadas, las condiciones encontradas y las sugerencias de mantenimiento preventivo. Esto permite programar la próxima intervención antes de que la corrosión vuelva a avanzar.
Dos meses después de la intervención, se hace una visita de control para verificar el estado de las superficies. Si aparece corrosión temprana, se corrige en el momento sin costo adicional.